1 de Enero (2ª parte) | æklef | 2023

 ækelf


     En este pueblo, ya lo ves, falta gente, Benja.

Sí, eso es evidente…

Pero no es evidente. Falta gente. Los políticos dicen: traigamos gente y santas Pascuas. ¡Gilipolleces! Salvar San Damián no es una cuestión de números. Es una cuestión de gente, y cuando digo gente, digo la gente adecuada, la gente que tiene lo que hay que tener para salvar el pueblo. 

¿Pero lo bonito del pueblo no es que haya sitio para todo tipo de gente?

¡Y una mierda! Mira, para que este bar sobreviva vale mucho más un borracho honesto que un ejército de hippies, como esos que viven en las afueras. Todos vinieron al llegar, ninguna ha venido una cuarta vez. ¡Las he contado! Con esa gente San Damián no se salva, Benja. Con esa gente no. San Damián se salva con gente como tú, ostia. San Damián te necesita, Benja.

    Benjamín apuraba el último trago de su cerveza mientras Marino atendía a Jonás y su familia que acababan de entrar en el bar. “San Damián te necesita.” ¿Qué demonios significa eso? ¿Por qué él era el tipo de persona que podría salvar el pueblo? ¿Por qué él sí pero Zoe no? 

       Marino, ponme otra.

       ¡Pero qué tenemos aquí! ¿Hacia cuanto que no te pasabas por el pueblo, Benja?

      Demasiado.

  Ya lo creo… Escucha, lamento mucho lo de tu padre. El pueblo lo quería mucho y él quería mucho al pueblo. Ahora nos vaciamos un poco más. Ya sabes: una casa vacía, luego una ruina, luego un solar… Se le echará en falta a tu padre. 

       No te preocupes, Jonás, que esa casa no se va a convertir en ruina-dijo Marino mientras abría la cerveza-. 

      ¿Y eso?

       Benja se queda en el pueblo.

    Antes de que  Benjamín pudiera reaccionar, Jonás lo estaba abrazando. Antes de que Benjamín pudiera agradecerle el pésame, Jonás ya le estaba agradeciendo su valentía. Antes de que pudiera pagar su cerveza, Jonás ya había pagado la suya. Antes de que Benjamín pudiera excusarse, ya le habían introducido en la conversación que mantenía la familia de Jonás con otros vecinos. Benjamín tenía la impresión de no conocer a nadie. Pero las voces no habían cambiado, las voces confirmaban que esos cuerpos correspondían a los vecinos que él recordaba. Sin embargo, los rostros… Los rostros se habían llenado de arrugas y barbas descuidadas. Los rostros eran la definición misma de agotamiento. Benjamín no recordaba nada parecido a esas expresiones tan brutales, tan sinceras.

    El bar de Marino solo tenía dos ventanillas por las que apenas entraba nada de luz. Marino nunca ha tenido un reloj en el bar. Solo cierra cuando está cansado y abre mientras hay gente. Marino ha escuchado de todo aunque él siempre diga que todavía no ha escuchado nada que merezca la pena. Los botellines de cervezas se fueron acumulando en la barra y las palabras se fueron confundiendo en aquella conversación periférica, que lo contemplaba todo sin abordar nada.

    Al ponerse en pie, Benjamín se sintió ligero. Torpemente se despidió de todos con la excusa de que tenía que llamar a su novia. Todos en el bar rieron. Al salir, un viento helado sacudió su cuerpo. Caminó de vuelta con el cuello retraído, resguardado bajo el abrigo. ¿Qué le había impulsado a mentir? Él no tenía novia. O, al menos, no era la palabra adecuada para referirse a esa persona. Era extraño. Nunca habían sido tan amables con él en San Damián. ¿Por qué ahora sí? ¿A qué venía tanta fraternidad? No le dio más vueltas a esta cuestión, al abrir la puerta de su casa, el recuerdo de su padre lo acaparó todo.


Comentarios

  1. entiendo el sentimiento de benjamín🥺🤝🏻que chulada

    ResponderEliminar
  2. Que entrañable esas tabernas de pueblo … con su olor a vino cosechero, voces y calor humano de parroquianos jugando al julepe aunque ya no encontremos humo y olor a cenicero atiborrado ….

    ResponderEliminar

Publicar un comentario