18 de Enero (1ª Parte) | æklef | 2023

 


—æklef

18 de enero. 


Benja no había salido de su casa en cuatro días. Habían sido cuatro días de absoluto terror. Trataba de conciliar el sueño pero era incapaz. Quería dar un paseo pero no se atrevía a salir. Apenas tenía apetito. Todavía seguía vestido con la misma ropa con la que había salido del hospital. Por las mañanas se quedaba arropado en su cama, envuelto por las sábanas, con los ojos como platos clavados en el techo. ¿Qué había hecho mal? 


La prensa se había hecho eco de lo ocurrido en San Damián. Lo sabía porque el teléfono no paraba de sonar: periodistas, abogados, el alcalde... Tras siete llamadas había decido apagarlo y así había permanecido durante cuatro días. Desde su cama había podido ver furgonetas de varias televisiones que venían a hacer un reportaje del “Crimen de San Damián”. De vez en cuando, la luz blanquecina de los focos irrumpía en su habitación y no tenía otro remedio que cobijarse bajo la manta. Imaginaba a los reporteros ahí, a apenas unos metros de su puerta, contando historias, convirtiéndolo en espectáculo. Los imaginaba diciendo:


Esta, es la zona cero del crimen. Detrás de mí están las paredes que atestiguaron el crimen que mantiene en vilo a toda la nación. ¿Qué le llevó a Marino a irrumpir en la casa de su vecino y tratar de matarlo? La sangre todavía salpica las paredes. ¿Qué fue lo que ocurrió realmente en esta casa?


Al amanecer del cuarto día ya no podía más. Sentía sus fluidos gástricos carcomer sus entrañas. Se moría de hambre. Bajó hasta la cocina apoyado en la pared y con los ojos entrecerrados, como no queriendo estar realmente despierto. Pero no podía ignorarlo, el terrible hedor de la boñiga no podía haber sido producido por sus sueños. Estaba despierto. El paquete todavía estaba encima de la mesa. Sin pensar mucho agarró el paquete y se dirigió a la puerta para echarlo al contenedor. Descorrió el cerrojo. Al dar el primer paso sintió el cartón ceder bajo el peso de su cuerpo solo para dar pasó a esa textura flácida y envolvente inconfundible: era otra boñiga de vaca. Era otro paquete. De hecho, eran cuatro paquetes. Una por día. Y en los cuatro podía leer en letras rojas aquella frase lapidaria: “Bienvenido a Puerto Hurraco.” ¿Qué era Puerto Hurraco?


Benjamín lanzó los tres paquetes tan lejos como pudo y cerró de un portazo mientras echaba los cerrojos gritando de pura desesperación. Se fue directo a la ducha y dejó que el agua caliente lo envolviera mientras apoyaba su cabeza contra la pared, esperando entre la impotencia a que el terrible olor de Puerto Hurraco desapareciera hasta de su memoria. Solo salió cuando el agua se volvió helada. Aún estaba hambriento. Respiró profundamente y bajó a la cocina. 


Mientras veía el agua hervir solo podía pensar en una cosa: ¿por qué le había disparado Marino? ¿Qué había hecho él? Estaba seguro de que nada. ¿Tendría qué ver con su padre? Tendría que ver. No había otra posibilidad. ¿O sí? Solo una cosa estaba clara: desde su pasado sería imposible saberlo. Después de cuatro días, su móvil seguía apagado encima de la mesa. Cerró los ojos, lo encendió.


La pantalla se encendió y apenas pasaron unos instantes hasta que el móvil empezó a vibrar constantemente. Los mensajes se solapan unos a otros. El alcalde,su tía, periodistas, Marisa, de la radio, de la tele, de la prensa… El agua hervía a sus espaldas pero el ruido de las burbujas explotando era ahogado por las notificaciones que seguían sin dar tregua al teléfono que parecía que iba a explotar. 


Zoe. Tenía una notificación de Zoe.


“Necesito verte. Es urgente. Por favor, dime que estás bien. Llámame en cuanto puedas.”


Comentarios

  1. Estos pequeños sorbos de intriga…. Un poco más por favor 😬😬

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  2. 😳madre mia

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