I—El Tuerto y la Catedral Roja
Pocos la conocían y, los que así hacían, temblaban con el mero hecho de imaginarse frente a ella, frente a su temible fachada de piedra roja y cristal negro. Con cinco torres de casi quinientas varas de altura, más de treinta contrafuertes que la sujetasen y una cúpula gigante de un negro alabastro en lo alto, la Catedral de Uluru era un bastión inexpugnable. Hay quienes aseguran que fue mandada construir por un obispo huido de Europa que creó su nueva fe y puso como patrón al mismísimo diablo; otros juran haber visto en las noches despejadas de verano el fuego de Robcadour, la gárgola más alta y horrible de todas, que busca a los caminantes que se pierden en el extenso desierto australiano; pero solo los que han oído las historias reales, los que han huido de su fuego y los que han llamado a sus puertas conocen la verdad, la historia del tuerto y la Catedral Roja.
He oído decir que era un viejo, una niña e incluso a algunos decir que era una gárgola de París, pero la versión más extendida dice que era un viajero, cuyo origen o destino se desconoce, pero que en algún momento llegó hasta la catedral acompañado de una burra blanca, con la ropa hecha jirones y, en lugar de ojo derecho, un ópalo brillante como la lágrima de una ninfa.
El viajero desmontó de su burra y tocó tres veces el tirador gigante de la puerta de acacia. Tres segundos de silencio y Robcadour cayó desde lo alto de la torre central.
—¿Quién es aquel que inoportuna el Santo Templo? —bramó la estatua.—El que busca cobijo —contestó el viajero.
—Aqueste es un lugar de culto, y no será profanado por paganos.
—¿Cómo pues? —espetó el viajero. —Juzgas al necesitado por sus ropajes, sin saber su devoción, ¿acaso no se dice el Gran Chamán "el generoso será bendito, porque da de su pan al pobre"?
—¿Conocéis los sagrados textos? Disculpadme pues, no os reconocí antes como fiel, pues jamás vi un siervo sin caballo, ni falto de un ojo.
—Tres veces me juzgáis entonces: por humilde, por ir a lomos de burro y por tuerto. Recordad que fue el burro el que llevó al Chamán contra los herejes y tuerto como el Amo quedó al darle su ojo a la Verdad Mayor.
—Solo un necio se compararía con el chamán, merecéis la muerte.
—¡Mi señor! —exclamó Robcadour, postrándose. —Perdonadme, os lo ruego. He de estar nublado, pues aún con dos ojos, no os supe ver.
—Venís a custodiar mi casa y no sabéis reconocer a vuestro Amo. ¡Os despojaré de todos vuestros dones!
Sin embargo, hay quien dice, que las noches de luna nueva, como esta, cuando la oscuridad se apodera de la tierra roja, Robcadour aparece inmóvil observando la vida y los luminosos, deseando tomar un huésped que le permita retomar este lado del mundo terrenal.
—Buena historia para no dormir. Es la que le cuentas a todos los viajeros, ¿no? —ríe él.
El serpa no contesta.
—¿Verdad?—insiste él, algo asustado.
que cosa tan chula 🤟🏼🤟🏼
ResponderEliminarmuchas gracias!
Eliminarme ha encantado, qué símiles más bonitos usas
ResponderEliminarmuchísimas gracias!
Eliminarestá precioso escrito Miguel quiero maaas
ResponderEliminarHabrá más pronto :p
EliminarMuy chulo, aceptas palabras claves de tus lectores? Jajaja
ResponderEliminarJajaja, bonito nombre! Supongo que podría plantear hacer una encuesta en Instagram para que pongáis palabras, pero más adelante.
EliminarBuen relato Mike 🤩
ResponderEliminarMuchas gracias!!
EliminarMe ha encantado. ¿Para cuándo el proximo? Que ganaaaas
Eliminar(juyi)
Jajaja, si todo va bien el domingo a las 0:00 hay otro!!
EliminarTa bien
ResponderEliminarMuchas gracias, guapo!
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